martes, 21 de febrero de 2012

El paìs de las maravillas



La equivocación de AliciaAlicia estaba sentada a la orilla del río. Era una tarde calurosa y aburrida, pero de pronto sucedió algo inesperado: apareció un conejo blanco con ojos rosados. Vestía chaleco y llevaba prisa. Mientras consultaba su reloj de bolsillo iba diciendo: "¡Dios mío, qué tarde voy a llegar!".Hay algo en lo que todos los grandes científicos se parecen a Alicia. No es normal que los conejos hablen, y ahí empezó la insólita aventura de la niña que siguió al conejo, se coló por su madriguera y entró en el país de las maravillas. Los conejos no hablan, pero el de Alicia hablaba; tampoco parece que las piedras puedan hablar, pero los científicos, igual que Alicia, observan lo contrario. Galileo aseguraba que el Universo es un gran libro, abierto ante nuestros ojos, escrito en el lenguaje de las matemáticas y de la geometría; y que si dominamos ese lenguaje tendremos acceso a un mundo mucho más sorprendente que el descrito por Lewis Carroll.De la mano de Coopérnico, Kepler, Brahe, Bruno, Galileo, Newton y hombres como ellos que se aplicaron a un infatigable trabajo de observación y cálculo, se nos ha hecho patente que el Universo es un gigantesco país de las maravillas. La madriguera por la que penetraron en este nuevo país fue el objetivo del telescopio, y ayudados por el lenguaje de los números empezaron a explorar lo desconocido y a registrar descubrimientos asombrosos:Que la Luna se mueve alrededor de la Tierra a la velocidad de una bala de cañón (1 km/s); y que sigue a la Tierra en sus 365 días de órbita solar a una velocidad de 30 km/s, es decir: ambas recorren más de dos millones y medio de kilómetros diarios. También hemos llegado a saber que el sol, con todo su cortejo de planetas, camina incesantemente a la velocidad de 20 km/s, sin apartarse lo más mínimo de su ruta: una inmensa órbita elíptica alrededor de la constelación Sagitario, que repite cada 150 millones de años.Sabemos también que nuestra galaxia, la Vía Láctea, tiene forma de disco, y que la luz tardaría cien mil años en atravesar su diámetro. La galaxia más cercana es Andrómeda, a dos millones de años luz. Con estos datos nos podemos hacer una idea de cómo debe ser un Universo en el que ya hemos descubierto diez mil millones de galaxias semejantes a la Vía Láctea, cada una con cuatrocientos mil millones de estrellas semejantes al Sol, con sus respectivos y obedientes satélites.Pero aquí no termina todo: sólo hemos dado cuatro datos insignificantes. Lo que hace aumentar nuestro asombro es descubrir que estas cifras inverosímiles son similares a las que rigen el mundo microfísico, donde los electrones se mueven a velocidades que darían la vuelta a la Tierra en pocos segundos, o los protones que podría recoger una simple cuchara pesarían 24 millones de kilos; o donde las moléculas de una piedra cualquiera se mueven a 1.000 kms/h.La Biología, a su vez, tiene mucho que decir en este terreno de lo increíble. Para darnos cuenta de la velocidad con que se forman y ensamblan las células de un mamífero en los meses de gestación, bastaría señalar lo que duraría esa gestación si se formara y acoplara una célula cada segundo: varios millones de años.Cuando el biólogo se sienta a comer y toma una sopa de letras, su boca nunca se traga un texto coherente. Es impensable que la cuchara pueda topar con un lugar de La Mancha, o con que Gallia est omnis divisa in partes tres, y mucho menos con las biografías de Cervantes o de Julio César. Y si se cocinase una sopa enorme para alimentar a todo un pueblo, aún sería más impensable que aparecieran íntegras las andanzas de Don Quijote o del general romano.Sin embargo, el mismo biólogo sabe que el insecto más insignificante es una sopa de células en número incomparablemente mayor al de las suculentas letras. Y que esas células componen un "texto" de una coherencia máxima, que se repite con exactitud en cada uno de los millones de individuos de esa especie.Si aplicamos la metáfora de la sopa al conjunto de cuerpos celestes que integran el cosmos, volvemos a encontrar a escala macrofísica el mismo orden que observamos a nivel microfísico. Un orden para el que resultan insuficientes nuestros adjetivos, pues está, como señaló Einstein, más allá de la capacidad de nuestra imaginación.El propio Einstein se percató como todos los grandes científicos del contrasentido que supone la inteligentísima configuración de un Universo compuesto por multitud de seres no inteligentes: "Yo considero la comprensibilidad del mundo como un milagro o un eterno misterio, porque a priori debería esperarse un mundo caótico, que no pudiera en modo alguno ser comprendido por el pensamiento". El famoso físico añadirá también que "éste es el principal punto débil de los positivistas y de los ateos profesionales".Si Lewis Carroll hubiera sido un gran científico, habría reconocido que el auténtico país de las maravillas es el mundo real, mucho más rico e inverosímil que cualquier otro mundo imaginado. También Colón estuvo en América sin sospechar que aquello era América; la equivocación de Alicia fue del mismo estilo. Cancha para la Filosofía.El mundo está lleno de aspectos asombrosos. "Una de las cosas que siempre me ha asombrado del baloncesto es que si piensas en ello, ves que realmente es un juego estúpido: tratas de introducir una pelota en un pequeño aro. Pienso en la cantidad de horas que he gastado haciendo eso y todavía no puedo creerlo" (Larry Bird).Sin embargo, hay realidades infinitamente más asombrosas que el baloncesto, aunque las multitudes no suelen apreciarlas y, por lo tanto, no disfrutan de ellas como lo hacen en los estadios. El país de las maravillas no es el de Alicia sino el nuestro, nuestro pequeño Mundo, nuestro Universo. Pero hay que saber descubrir sus maravillas.El mismo hecho de ser es quizá lo más asombroso que puede aparecer ante nuestros ojos. )Por qué el ser y no la nada? Ser significa haber sido arrojado a la existencia. Pero )por qué?, )por quién?También el hecho de ser hombre es, para el hombre, cuestión más que problemática. Podríamos escribir durante horas cómo son nuestros amigos o las ciudades que conocemos. Pero )qué podríamos decir si nos preguntan qué significa ser hombre?No existen preguntas más profundas, y de su respuesta dependerá el personal modo de ser, de obrar y de entender la vida. Vernos como hijos de un Ser Creador no es lo mismo que vernos como evolucionados hijos del mono: la diferencia es radical.A preguntas de esa índole se refería Aristóteles cuando decía que en el comienzo de la Filosofía estaba el asombro. Porque la Filosofía no es más que la valentía de buscar respuestas a las preguntas más inquietantes. Las ciencias también constituyen una búsqueda sin término, pero sus preguntas no comprometen como las preguntas filosóficas. Aunque el principio de Arquímedes tenga unas aplicaciones importantísimas, cualquiera preferiría saber cómo se puede ser feliz, o qué se puede esperar después de la muerte.La Filosofía es una búsqueda valiente en un doble sentido: por una parte, no encuentra nunca la fácil exactitud de lo cuantificable (el pensamiento, la justicia o el bien no se pueden medir ni pesar). Por otra, el conocimiento filosófico es mucho menos teórico de lo que se piensa, en la medida en que alcanza verdades que afectan a toda la conducta humana y la comprometen (si sé lo que es la justicia, no me puedo permitir ser injusto).Si la dimensión práctica de la ciencia es la técnica, la dimensión práctica de la Filosofía es la configuración de la conducta humana: de las personas singulares y del colectivo social. Para ello no es necesario que todos sepan filosofía. El hombre de la calle no es un experto en termodinámica ni en electrónica, pero el ordenador, el reloj, el ascensor, el televisor o el automóvil que usa a diario no han podido ser construidos sin un conocimiento riguroso de esas materias. El hombre de la calle tampoco es un experto en Filosofía, pero el grado de libertad social que posee o de justicia que le ampara, el acuerdo común sobre los valores que todos deben respetar o el régimen político en el que vive son cuestiones que sólo han podido ser resueltas tras siglos de reflexión filosófica. Aunque él lo ignore, es así.Así pues, la Filosofía configura la vida. No es lo mismo pensar por ejemplo que la conciencia es un pegote cultural o que, por el contrario, es la brújula que señala un norte invisible pero auténtico: el deber moral. En el primer caso, todo estaría permitido; en el segundo, lo que se puede quedaría subordinado a lo que se debe.Filosofía significa amor a la sabiduría. La sabiduría es un conocimiento que va más allá de la ciencia: intenta un buceo hacia el fondo de las realidades más profundas y complejas. Desde los tiempos de la Grecia clásica buscaron los sabios un saber último y universal acerca de la realidad; un saber que no se quedaba en lo físico, que buscaba esa cara oculta de lo real que no se aprecia con los sentidos, pero que la inteligencia capta como radicalmente importante.Algunos ejemplos.Los hallazgos realizados en esa cara oculta han sido siempre decisivos. Cuando la Revolución Francesa proclama el triple ideal de libertad, igualdad y fraternidad, está defendiendo tres grandes valores que nadie se atrevería a calificar de materiales, y que todos reconocerán como ejes fundamentales de la existencia humana.El Capitalismo es un sistema económico. Pero detrás del Capitalismo hay una filosofía que concibe al hombre como ser libre, con derecho a la propiedad privada y a la libre iniciativa laboral. También el Socialismo es una doctrina económica y social, con una filosofía bien definida a sus espaldas: la que considera al colectivo social como lo verdaderamente importante y real, de paso que concibe al hombre como mera pieza de la maquinaria estatal. No nacerá con derechos, pero se los otorgará el Estado. Al no poseer derechos en propiedad, el hombre podrá ser despojado de ellos cuando lo estime el legislador.El psiquiatra austríaco Víctor Frankl dedujo de toda su experiencia carcelaria que la causa de los campos de concentración alemanes no fueron los ministerios nazi de Berlín, sino la filosofía nihilista del siglo XIX: el hombre no tiene naturaleza, es un producto de la historia cambiante, un simple animal evolucionado, primo del mono. Entonces, )por qué hacer discriminación entre parientes? Si al mono se le puede enjaular en un zoológico, al hombre se le podrá encarcelar en un campo de exterminio o recluir en un "hospital psiquiátrico". Si el hombre es un animal más y hacemos jabones con grasa animal, ) por qué no hacerlos con grasa humana?Entre una época histórica que admite la esclavitud y otra que no la admite, la diferencia está originada por una idea sobre el hombre. Pero la igualdad radical del género humano no es precisamente una idea científica, y tampoco su igual dignidad. En nuestros días, su olvido ha llevado a consecuencias lamentables como el racismo o los genocidios. Porque si no somos iguales y nadie nos ha concedido derechos inviolables, la ley imperante ha de ser la del más fuerte.Con estos ejemplos sólo se pretende poner de manifiesto que la vida humana está asentada sobre bases inmateriales cuyo estudio compete a la Filosofía. Por lo demás, cualquier actividad humana presenta un aspecto técnico y otro moral. El dominio técnico de un arma de fuego, de una cámara de cine o del lenguaje escrito no suprime nunca la moralidad de su uso: un buen tirador puede asesinar, se puede filmar algo que degrade al actor y al espectador, y cualquier escritor puede mentir. Los ejemplos se multiplican en una época en la que los avances técnicos en campos como la comunicación, la medicina o lo militar ponen al alcance de sus protagonistas posibilidades insospechadas.Por ser lo moral un terreno extracientífico, quien quiera condenar el abuso de esos medios técnicos, sólo podrá hacerlo desde un criterio que se alcanza con la Filosofía, pues la bondad o maldad de los actos humanos son aspectos inmateriales y fuera del alcance de los métodos experimentales de las ciencias.[…]La causalidad, el tiempo, la sensación, la libertad, el instinto, la contingencia, la felicidad y otros muchos aspectos de la realidad son evidentemente inmateriales. La misma constitución de la materia expresa un profundo orden, pero el orden es una cualidad no material, que no podemos ver, sino entender. Las ciencias empíricas pueden explicar cualquier cuerpo por el orden de sus elementos, pero lo que no pueden explicar es el orden mismo, pues es algo que se da en lo físico, con lo físico, sin ser físico.Fueron los griegos quienes empezaron a estudiar lo que había "más allá de la Física". Y Leibniz, dos mil años más tarde, aseguraba que "todo sucede en los fenómenos naturales de un modo mecánico, y al mismo tiempo de un modo metafísico, pero la fuente de lo mecánico está en lo metafísico". La Metafísica se ocupa de los problemas que aparecen en el límite de la investigación física. A lo largo de la Historia, ambas tareas han ido frecuentemente unidas en las mismas personas, aunque con diverso éxito (piénsese en Pitágoras, Tales, Aristóteles, Alberto Magno, Descartes, Leibniz, Pascal, Newton, Einstein...). La razón es ésta: los grandes hombres de ciencia, deseando encontrar más allá de la ciencia las respuestas a los últimos porqués, continuaron la búsqueda de la verdad por el camino de la Filosofía, pues "todo verdadero investigador dice Einstein es una especie de metafísico oculto, por muy positivista que se crea".Alcance de los conocimientos científicos y filosóficos.Tanto las ciencias particulares como la Filosofía llegan a verdades ciertas. Y cuando no pueden hacerlo, intuyen soluciones más o menos oscuras. Las incógnitas son patrimonio común: ningún científico se atreve a decir en qué consisten exactamente la materia, la energía o la luz; y sobre el origen del Universo o la diversificación de especies vivas sólo pueden ofrecerse explicaciones más o menos verosímiles.Esta situación lleva a grandes científicos a reconocer las limitaciones de la ciencia. Einstein declara que en la armonía de las leyes que rigen la Naturaleza "se manifiesta una racionalidad tan grande que, en comparación con ella, toda la capacidad del pensamiento humano se convierte en insignificante destello". Por eso entendemos que "la ciencia, a pesar de sus progresos increíbles, no puede ni podrá nunca explicarlo todo. Cada vez ganará nuevas zonas a lo que hoy parece inexplicable; pero las rayas fronterizas del saber, por muy lejos que se eleven, tendrán siempre delante un infinito mundo misterioso" (Gregorio Marañón).)Hasta dónde llega la Filosofía? Ciertamente, no elabora una concepción exacta del mundo, pero consigue no olvidar jamás el problema del sentido último de la realidad. Porque el mundo es, pero no se basta, está ontológicamente mutilado. Misión de la Filosofía es buscar al mundo su integridad.La Historia, muchas veces, no sabe quién pintó, quién escribió, quién construyó..., pero afirma la existencia de artistas anónimos. Tampoco la Filosofía sabe quién ha diseñado un mundo a la medida del hombre. No lo sabe de forma precisa, pero sabe que detrás de esa ignorancia no se esconde la nada, sino el secreto fundamento de lo real. Los grandes filósofos han sido hombres obsesionados por esa curiosidad, auténticos amantes de la sabiduría. Todas sus soluciones han sido siempre provisionales, pero han nacido de una verdad decisiva: la experiencia de la gran ausencia. Pues al salir al mundo y contemplarlo, se les ha hecho patente lo que Descartes llamaba "el sello del Artista".En última instancia, la explicación de los límites del conocimiento científico y filosófico puede formularse así: "lo que el conocimiento capta en el objeto es real. Pero lo real es inagotable y, aún cuando llegara a discernir todos sus detalles, todavía le saldría al paso el misterio de su existencia misma" (E. Gilson).CICERON: Las ventajas de la FilosofíaAsí es cómo la sabiduría se convierte en la fuente de todos los bienes. Y el amor a la sabiduría es, de acuerdo a la palabra griega, aquella filosofía que constituye el don más fecundo, más brillante y más alto impartido a los hombres por los dioses inmortales. Pues ella sola nos enseñó, junto con los otros conocimientos el más difícil de todos: el de nosotros mismos, y la regla que lo prescribe tiene un significado tan profundo, que no se atribuyó a un hombre cualquiera, sino al dios de Delfos.Aquel que se conozca a sí mismo empezará por sentirse en posesión de algo divino; concebirá su propia naturaleza como una imagen consagrada, obrando y pensando siempre de un modo que sea digno de tantos favores divinos; y cuando se examine a sí mismo, sondeándose por entero, descubrirá todos los dones que le dio al nacer la Naturaleza y todos los instrumentos de que dispone para obtener y alcanzar la sabiduría. Pues desde el principio formó en su mente conceptos de las cosas que estaban oscurecidos; pero después de aclararlos bajo la dirección de la sabiduría, comprende que nació para ser hombre bueno y, por eso mismo, hombre feliz.En efecto, cuando el espíritu haya conocido y percibido las virtudes, repudiando su dependencia y su complacencia con respecto al cuerpo, cuando haya eliminado el placer deshonroso, dominando todo temor hacia la muerte y el dolor, cuando haya formado una sociedad de amor con los suyos, considerando suyos a todos los que le están unidos por la Naturaleza, cuando haya adoptado el culto de los dioses y la pura religión, agudizando la mirada de los ojos y de la mente para elegir el bien y rechazar el mal (virtud a la que se llama prudencia por su relación con prever) )cómo nombrar o mentar a un ser más feliz que el hombre?Del mismo modo, cuando haya contemplado el cielo, la tierra, el mar y la Naturaleza entera, cuando haya visto de donde nacen las cosas, adónde se dirigen, cuándo y cómo perecerán, cuál es su elemento mortal y caduco y cuál es su elemento divino y eterno, cuando casi haya aprehendido al Dios que las gobierna y las rige, cuando haya reconocido que no es el habitante de un lugar determinado, completamente encerrado entre paredes, sino el ciudadano de un mundo total constituido en forma de ciudad única, entonces en medio de esta magnificencia, observando la Naturaleza y conociéndola, ¡oh dioses inmortales, cuánto se conocerá a sí mismo, de acuerdo con el precepto de Apolo Pitio! (Cuánto despreciará, desdeñará y reputará por nada las cosas que el vulgo mira con admiración!Y a todas estas conquistas él las protegerá, como por medio de una muralla, recurriendo a la dialéctica, al conocimiento de lo verdadero y de lo falso, al arte de descubrir las implicaciones y las contradicciones de las ideas. Una vez convencido de que está destinado a vivir en sociedad, comprenderá la necesidad de emplear no sólo el arma sutil de la dialéctica, sino también un arma de mayor alcance y de efecto más duradero, es decir, la elocuencia que gobierna a los pueblos, da fuerza a las leyes, castiga a los malos, ampara a los buenos y ensalza a los grandes hombres. Así es como presentará de modo persuasivo a sus conciudadanos preceptos conducentes a su salvación o a su buena fama, así como podrá exhortarlos a la virtud, apartarlos del vicio, consolar a los afligidos y estampar en sus monumentos eternos los hechos y los dichos de los héroes y de los sabios junto con la ignominia de los malvados.Estas son las múltiples y enormes facultades que descubren en el hombre los que desean conocerse a sí mismos; y la sabiduría es la que las produce y las educa.
(*) El texto aquí reproducido corresponde al capítulo I del libro de nuestro colaborador José Ramón Ayllón, En torno al hombre, Ed. Rialp.. Este libro, prologado por Juan Antonio Samaranch, desde su aparición en 1992, es la introducción a la filosofía más reeditada en nuestro país (cuenta 9 ediciones en 2003); el primero de su autor, nació tras mil intentos de explicar con amenidad las grandes cuestiones filosóficas, de conectar el aula con la vida real. Habla de esas grandes cualidades que hacen del hombre algo más que un «mono con pantalones».
Fuente: arvo.net

lunes, 20 de febrero de 2012

Sesión 2

Los Primeros filósofos: Los Presocráticos
I. Presocráticos
El término no designa una distinción puramente cronológica puesto que en realidad algunos de los considerados presocráticos fueron coetáneos de Sócrates e incluso más jóvenes que él. Cuando ocurre esto último, sin embargo puede ser correcto el uso de este título porque dichos autores participan de las inquietudes, objetivos y estilos intelectuales típicos de esta primera etapa.
Los presocráticos se inclinan hacia los problemas cosmológicos mientras que los sofistas lo hacen por las cuestiones antropológicas. Los filósofos incluidos en este período centraron su atención en la physis o naturaleza, por lo que a veces se les llama físicos o naturalistas; aunque tampoco descuidaron el problema del hombre y su dimensión ética (como lo muestra la filosofía de Heráclito y la pitagórica).
Los presocráticos dieron explicaciones materialistas en su descripción de la Naturaleza, es decir identificaron los principios de la realidad con entidades materiales; sin embargo, no hay que creer que con ello estos filósofos abrazasen el ateísmo o negasen componentes espirituales a la realidad. Sencillamente, ellos no negaron la existencia de dioses o del alma porque para ellos los dioses y las almas participan esencialmente de los mismos principios que los otros objetos del mundo.
II. Arjé
Los griegos buscan encontrar el arjé de la naturaleza. Es necesario entender ambos términos.
Naturaleza: Tiene dos sentidos:
a. Es el conjunto de las cosas naturales
b. Es el principio dinámico que determina el comportamiento o modo de manifestarse de las cosas naturales.
Arché: se traduce como principio. Aristóteles dice que es aquello de lo cual proceden originariamente y en lo cual acaban por resolverse todos los seres y por lo cual son y subsisten todas las cosas, esta persiste bajo sus diversas modificaciones.
Así podemos entender el arché desde una triple dimensión:
- Principio temporal: realidad situada en el principio de los tiempos, a partir del cual se generó todo lo existente.
- Término último de las cosas
- Constitutivo último de lo real: elemento que se encuentra en todas alas cosas, por tanto, común a todas ellas; es el constitutivo último porque no se encuentra en lo visible de ellas, sino que es el respaldo permanente que rige las cosas.

III. Historia de los Presocráticos
LOS MILESIOS
TALES
Se le considera como el primer filósofo de la historia. Es el primero que afirma la existencia de un principio originario (arjé). Dicho principio es el agua.
ANAXIMANDRO
Considera que el agua es ya derivado y que el principio consiste en l infinito, indefinido, de la cual provienen todas las cosas: apeiron, aquello que carece de límites tanto internos como externos. Esto infinito aparece como lo eterno y lo divino.
Allí donde las cosas encuentran su nacimiento también se lleva a cabo su disolución, de acuerdo con la necesidad recíprocamente se sufre la pena y se paga la culpa de la injusticia.
ANAXÍMINES DE MILETO
Piensa que el principio debe ser infinito, pero que hay que pensarlo como aire infinito, substancia aérea ilimitada.
Al igual que nuestra alma que es aire, nos sostiene, nos gobierna, así el soplo y el aire abrazan todo el cosmos…el aire está cerca de lo incorpóreo y puesto que nosotros nacemos gracias a su flujo, es preciso que sea infinito y rico, para que jamás desaparezca.
PITÁGORAS Y LOS PITAGÓRICOS
Los pitagóricos se alejan de los milesio porque buscaban el arjé no en la naturaleza misma sino en las matemáticas donde todo lo que es, es razón.
Pitágoras tuvo influencia de los órficos (religión oriental). En este sentido, la filosofía no solo es placer sino salvación del alma para liberarla del cuerpo.
El principio de la realidad (arjé) era el número que le parecía tan real como las cosas mismas.
HERÁCLITO
Presenta sus pensamientos en formas de sentencias cortas y densas, es decir, de difícil comprensión. Él no quiere que cualquiera entienda lo que dice y lo mal interprete.
Nos dirá que la verdad es descubrir y develar. La verdad consiste en captar más allá de los sentidos aquella inteligencia que gobierna todas las cosas. De este modo, invita a que los hombres deberían tratar de comprender la coherencia subyacente de las cosas que está expresada en Logos, la fórmula u ordenación de todas ellas. La mayoría de los hombres no ve el Logos, aquella armonía universal.
Los milesios buscaban unificar la multiplicidad, pero Heráclito pone de manifiesto el cambio. Lo único que no cambia es el devenir mismo.
Este mundo, el mismo de todos, no lo hizo ninguno de los dioses ni los hombres, sino que siempre fue, y es, y será fuego siempre vivo que se enciende según medida y que se apaga según medida.
El fuego es el arjé que captado por mi intelecto se llama logos.
PARMÉNIDES
El hombre empieza a conocer por los sentidos, pero todo se le presenta como variable; sin embargo, el hombre de ciencia busca aquello que no varía, que permanece.
Parménides descubre el ser, pero tiene un significado unívoco y no hace referencia a ninguna realidad sensible. Todo lo que existe es. Este ser es solo encontrado por el intelecto.
Parménides nos dirá que la naturaleza es y no puede dejar de ser, por lo que no puede variar ya que si variase sería no ser lo que sería contradictorio.
PLURALISTAS
Empédocles decía que el arjé tenía cuatro raíces: Zeus, Hera, Aidone y Metis (fuego, tierra, aire y agua). Afirma que el cosmos es único y múltiple y que la relación entre estos cuatro elementos es EROS y ERIS (amor y odio).
Anaxágoras señala que todo debe proceder de una realidad ya existente. Plantea la existencia de una infinidad de elementos llamada homeomerías que son homogéneas y cualitativamente idénticas. Ellas están presentes en todas las cosas. Anaxágoras introduce el término de Nouns: todas las demás cosas tienen una porción de todo, pero la inteligencia (nouns) es infinita autónoma y no mezclada con ninguna, sino que ella es por sí misma. Ella es la ordenadora de todo.
Los atomistas, Leucipo y Demócrito, dicen que el arjé son lo átomos, que son indivisibles, limitados, llenos, sólidos compactos. Los átomos se diferencian entre sí por su forma.
IV. La naturaleza de la filosofía
¿Qué es la filosofía? – Sócrates, Platón
Sin duda la filosofía es Amor a la sabiduría. Hoy en día se entiende la filosofía como una profesión intelectual, sin embargo, la auténtica filosofía supera la aspiración del mero hecho de ser profesional.
En la antigua Grecia, la filosofía era un cierto camino y una manera de vida. Era una vida dedicada a la búsqueda de la filosofía. Podemos buscar cierta ayuda en Sócrates, el gran filósofo de Atenas. Era un hombre entregado en cuerpo y alma a descubrir y hacer descubrir como son en realidad las cosas. Las virtudes intelectuales arraigan con fuerza en el conjunto de su existencia y lo que conocemos como virtudes morales se ponen al servicio de su exploración de la verdad.
Por otro lado, Platón, en el Banquete nos deja el siguiente relato:
Cuando el nacimiento de Venus, hubo entre los dioses un gran festín, en el que se encontraba, entre otros, Poros hijo de Metis. Después de la comida, Penia se puso a la puerta, para mendigar algunos desperdicios. En este momento, Poros, embriagado con el néctar (porque aún no se hacia uso del vino), salió de la sala, y entró en el jardín de Júpiter, donde el sueño no tardó en cerrar sus cargados ojos. entonces, Penia, estrechada por su estado de penuria, se propuso tener un hijo de Poros. Fue a acostarse con él, y se hizo madre del Amor. Por esta razón el Amor se hizo el compañero y servidor de Venus, porque fue concebido el mismo día en que ella nació; además de que el Amor ama naturalmente la belleza y Venus es bella. Y ahora, como hijo de Poros y de Penia, he aquí cuál fue su herencia. Por una parte es siempre pobre, y lejos de ser bello y delicado, como se cree generalmente, es flaco, desaseado, sin calzado, sin domicilio, sin más lecho que la tierra, sin tener con qué cubrirse, durmiendo a la luna, junto a las puertas o en las calles; en fin, lo mismo que su madre, está siempre peleando con la miseria. Pero, por otra parte, según el natural de su padre, siempre está a la pista de lo que es bello y bueno, es varonil, atrevido, perseverante, cazador hábil; ansioso de saber, siempre maquinando algún artificio, aprendiendo con facilidad, filosofando sin cesar; encantador, mágico, sofista. Por naturaleza no es ni mortal ni inmortal, pero en un mismo día aparece floreciente y lleno de vida, mientras está, en la abundancia, y después se extingue para volver a revivir, a causa de la naturaleza paterna.
La filosofía por tanto no es ignorancia ni sabiduría sino algo que no tiene el ignorante y de lo cual debe ser dispensado el sabio. En rigor, la modestia socrática (solo sé que nada sé) por la que se concibe a la sabiduría como algo divino más allá de los límites de nuestra natural capacidad, esla expresión de la filosofía como justa medida de la posibilidad intelectual del hombre. Así la filosofía es participación de la sabiduría pero no ella misma, es una tensión hacia ella más que una posesión.
A pesar de esa tensión inalcanzable hacia la sabiduría, la filosofía no se puede renunciar a la filosofía ya que todos los hombres por naturaleza desean saber (Aristóteles).
Características de la filosofía – Aristóteles
Puesto que andamos en la búsqueda de esta ciencia (la filosofía) habrá de investigarse acerca de qué causas y qué principios es ciencia la sabiduría. Y si se toman en consideración las ideas que tenemos acerca del sabio, es posible que a partir de ellas se aclare mayormente esto. En primer lugar, solemos opinar que el sabio sabe todas las cosas en la medida de lo posible, sin tener, desde luego, ciencia de cada una de ellas en particular. Además, consideramos sabio a aquel que es capaz de tener conocimiento de todas las cosas difíciles, las que no son fáciles para el hombre (…) Además, y respecto de todas las ciencias, que se más sabio el que es más exacto en el conocimiento de las causas y más capaz de enseñarlas. Y que, de las ciencias, aquella que se escoge por sí misma y por amor al conocimiento es sabiduría en mayor grado que la que se escoge por sus efectos. Y que la más dominante es sabiduría en mayor grado que la subordinada: que, desde luego, no corresponde al sabio recibir órdenes, sino darlas, ni obedecer a otro, sino a él quien es menos sabio.
Por lo tanto, podemos decir que:
a. La filosofía tiene un carácter universal, busca encontrar los principios que explique toda la realidad. Así podemos decir que filosofar es reflexionar sobre la totalidad de lo que nos aparece, con vistas a su última razón y significado.
b. Alcanzar las cosas más difíciles de conocer, es decir, la explicación de la realidad misma, elevarse hasta los principio radicales
c. Es más exacto respecto de las causas, debe descubrir las causas de las realidades que pretende explicar, porque sólo entonces nuestro saber de ellas se torna universal y necesario, es decir, científico.
d. Se escoge en función de sí misma
e. Le están subordinados los demás saberes

Genial jugada!






Interesante! Yo aquí vi un filósofo!

lunes, 13 de febrero de 2012

Mito de la caverna

I - Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza.Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.
- Ya lo veo-dijo.
- Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
- ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!
- Iguales que nosotros-dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
- ¿Cómo--dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
- ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
- ¿Qué otra cosa van a ver?
- Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?
- Forzosamente.
- ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
- No, ¡por Zeus!- dijo.
- Entonces no hay duda-dije yo-de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.
- Es enteramente forzoso-dijo.
- Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera d alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?
- Mucho más-dijo.
II. -Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría qué éstos, son realmente más claros que los que le muestra .?
- Así es -dijo.
- Y si se lo llevaran de allí a la fuerza--dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?
- No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento.
- Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.
- ¿Cómo no?
- Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que. él estaría en condiciones de mirar y contemplar.
- Necesariamente -dijo.
- Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.
- Es evidente -dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso otro.
- ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?
- Efectivamente.
- Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente "trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio" o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
- Eso es lo que creo yo -dijo -: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida.
- Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol?
- Ciertamente -dijo.
- Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían; si encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?.
- Claro que sí -dijo.
III. -Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del. sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la. región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública.
- También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado en que puedo estarlo.
Según la versión de J.M. Pabón y M. Fernández Galiano, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1981 (3ª edición)

Sesión 1

I. ¿Qué es la filosofía?
Ha sido definida desde su propia etimología: amor a la sabiduría. En efecto, no es la posesión de la sabiduría –aquello es algo que le corresponde a los dioses, según los griegos-. Es tendencia hacia la verdad. La palabra amor nos alerta ante un peligro constante en la historia de la filosofía, creer que es una actividad meramente mental; la filosofía es una actividad que compromete la existencia, la hace vibrar.
II. ¿Cuál es el origen de la filosofía?
Al hablar de esto debemos distinguir dos orígenes. El origen histórico y el origen antropológico.
2.1.El origen histórico
El origen de la filosofía ha sido una cuestión controvertida a lo largo de la historia del pensamiento. Por lo general los filósofos griegos han considerado que la filosofía nace con Tales de Mileto allá por el siglo VII a. c., pero no se consideraba necesario explicar cómo se había producido ese surgimiento de una nueva forma de pensamiento. Sí parecía haber un común acuerdo en considerar la filosofía como la forma de pensamiento racional por excelencia, es decir, una forma de pensamiento que no recurre a la acción de elementos sobrenaturales para explicar la realidad y que rechaza el uso de una lógica ambivalente o contradictoria. Es a partir de la polémica que suscitan los filósofos alejandrinos durante el período helenístico cuando el origen de la filosofía comienza a convertirse en un problema. Y será a lo largo del siglo XX cuando se comiencen a encontrar respuestas explicativas de la aparición del fenómeno filosófico. Para nuestro objetivo nos bastará considerar las dos hipótesis más difundidas acerca del origen de la filosofía: aquella que sostiene el origen a partir de la filosofía oriental, y aquella que hace de la filosofía una creación original de los griegos, y que estudiaremos a continuación.
A) La hipótesis del origen oriental.
Los defensores de esta hipótesis mantienen que los griegos habrían copiado la filosofía oriental, por lo que la filosofía no podría considerarse una creación original del pueblo griego. Los primeros filósofos, sostiene esta hipótesis, habrían viajado a Egipto y Babilonia en donde habrían adquirido sus conocimientos matemáticos y astronómicos; lejos de ser los creadores de la filosofía habría sido unos meros transmisores del saber oriental que, en contacto con la civilización griega habría alcanzado un desarrollo superior al logrado en sus lugares de origen. Esta hipótesis la mantuvieron: -Los filósofos alejandrinos. En polémica con las escuelas filosóficas griegas, y con el ánimo de desacreditarlas, los filósofos alejandrinos ponen en circulación la tesis del origen oriental de la filosofía. -Los padres apologistas cristianos. Con intención polémica similar a la de los filósofos alejandrinos, los primeros padres apologistas del cristianismo, airean la hipótesis del origen oriental de la filosofía, hipótesis que posteriormente no será mantenida por la filosofía cristiana occidental.
La cuestión que se debate es si existe esa supuesta filosofía oriental. Si asimilamos la filosofía a un discurso racional entendido como la imposibilidad de recurrir a lo sobrenatural para explicar los fenómenos naturales, y al rechazo de la contradicción, resulta difícilmente sostenible la existencia de una filosofía oriental. La cuestión que se plantea, pues, es la de determinar si esa astronomía y esas matemáticas orientales eran o no eran filosofía. Los estudios sobre el tema parecen indicarnos que no, que la astronomía babilónica tendía a degenerar en astrología, es decir, en arte adivinatoria; y que las matemáticas egipcias, lejos de alcanzar el grado de abstracción necesario para considerarse ciencia, no superaron nunca el estadio de unas matemáticas o de un saber práctico, generado al amparo de las necesidades de medición de los terrenos luego de cada una de las inundaciones periódicas del Nilo.

B) La hipótesis del origen griego.
Según esta hipótesis la filosofía sería una creación original del pueblo griego. Nos vamos a centrar en las explicaciones de historiadores del siglo XX, de las que destacamos
- La explicación de J. Burnet. Es la llamada tesis del "milagro griego". Según esta hipótesis la filosofía habría aparecido en Grecia de una manera abrupta y radical como fruto de la genialidad del pueblo griego. Esta hipótesis prescinde de los elementos históricos, socioculturales y políticos, por lo que termina por no explicar nada, cayendo en un círculo vicioso: Los griegos crean la filosofía porque son geniales, y son geniales porque crean la filosofía. La mantiene en su obra "La Aurora de la filosofía griega", (1915).
- La explicación de F. M. Cornford. Defiende la tesis del desarrollo del pensamiento filosófico a partir del pensamiento mítico y religioso. Según esta hipótesis la filosofía sería el resultado de la evolución de las formas primitivas del pensamiento mítico de la Grecia del siglo VII antes de Cristo. Para Cornford existe "una continuidad real entre la primera especulación racional y las representaciones religiosas que entrañaba" de tal modo que "las maneras de pensar que, en filosofía, logran definiciones claras y afirmaciones explícitas ya estaban implícitas en las irracionales intuiciones de lo mitológico". En su obra "De la religión a la filosofía", (1912), Cornford explica cómo la estructura de los mitos de Hesíodo en la "Teogonía" se mantiene en las teorías de los primeros filósofos, rechazando éstos solamente el recurso a lo sobrenatural y la aceptación de la contradicción. Destaca la influencia educativa de Homero y Hesíodo en la constitución y posterior desarrollo de la civilización griega, y analiza también cómo algunos de los conceptos que serán fundamentales posteriormente en la filosofía, [ moira (hado, destino), diké, (justicia), physis, (naturaleza), ley, dios, alma, etc.] proceden directamente del pensamiento mítico-religioso griego. - La explicación de J. P. Vernant, en su obra "Mito y pensamiento en la Grecia antigua", (1965), añade importantes elementos derivados del contexto sociocultural, político y económico de la época para explicar cómo este paso del mito a la racionalidad fue posible, y por qué se produjo en Grecia en lugar de en otra civilización de la época. La inexistencia de una casta sacerdotal, la figura del sabio, el predominio de la ciudad, la transmisión pública del saber, la libertad individual y el desarrollo de la escritura, hacen posible la puesta en entredicho de las explicaciones cosmológicas y su sustitución por una forma de pensamiento que no entrañe la creencia y la superstición propias de los pensamientos mítico y religioso.
2.2. El origen antropológico
Rilke le escribe a un joven poeta que no culpe a su vida de que sea aburrida, sino que se culpe él mismo por no encontrar la maravilla de ella. El mundo que nos rodea rebosa de interrogantes, el hecho más ordinario entraña misterio. Al darnos cuenta de ello surge la admiración.

Esa admiración es el detonante de la filosofía, nos lanza a buscar más allá incluso de nuestras propias fuerzas. En este sentido es muy significativo el relato de Platón: el mito de la caverna.

Dice Aristóteles en su Metafísica: “Pues los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración [thaumadzein]”(Met.982b,12). La admiración de la que habla Aristóteles es la de aquel que “reconoce su ignorancia”. Este reconocimiento nace de un previo preguntarse sobre aquello que se creía saber, pues no se ve claro el fundamento sobre el que se asienta determinado conocimiento. Se trata de aquella admiración socrática que nace en aquel que descubre que desconoce aquello que creía saber.
Este camino es un mirar las cosas de forma diferente a la habitual. Lo usual es vivir según un repertorio de creencias y respuestas adquiridas en la comunidad en que vivimos. Ellas forman nuestro mundo, que no tiene porque ser igual al de los que se desenvuelven en otras comunidades, en las que se habrá desenvuelto otro repertorio de creencias. En ese nuestro mundo las cosas son vistas persiguiendo fines prácticos y las satisfacción de deseos y necesidades. Es una visión interesada. En la admiración esa visión se transforma en una visión desinteresada.
III. Del mitos al logos
Normalmente se habla del "paso del mito al logos" como una clara superación del mito, por parte la filosofía. Si bien es cierto, que hay un cambio de concepción en la nueva forma de explicación, también es cierto, que la filosofía no supuso la eliminación del mito, puesto que ambos convivieron durante mucho tiempo. La filosofía estuvo reducida a un grupo de personas "selectas" a la vez que el mito siguió jugando su función social en la mayoría de la población.
Por otro lado, las primeras formas de explicación filosófica mantuvieron muchas de las características propias del mito, con lo que, aunque realmente se produjo un cambio importante, muchos elementos permanecieron. Esto es hasta cierto punto lógico, los cambios suelen se mucho más graduales que revolucionarios, aunque muchas veces, por querer mostrar las novedades, las acentuamos más que a los elementos que se conservan.
Entonces, si realmente el nacimiento de la filosofía no supuso la eliminación del mito, ¿qué factores generaron este cambio? y, ¿por qué no afectaron de forma determinante eliminando el mito?
Por otro lado, cabe también preguntarse, ¿que novedades aporta la filosofía y que aspectos mantiene del mito?
No cabe duda que una de las causas de la aparición de la filosofía fue los propios límites o insuficiencias de mito, por ese motivo, los primeros filósofos griegos se ocuparon en criticarlo.
Probablemente, uno de los aspectos más débiles del mito, desde una perspectiva práctica era su concepción arbitraria, caótica e irregular de los acontecimientos. Con una visión así de las cosas no se pueden predecir o prever los acontecimientos. Recuerda como, para solventar esta situación, se solía acudir a los oráculos y pitonisas a fin de poder predecir que es lo que iba a ocurrir en un futuro.
Por otro lado, los dioses mitológicos se parecían mucho a los seres humanos. Esto hizo pensar a los filósofos, que quizás los mitos no fueran más que imaginaciones humanas. Empezaron a cuestionarse tanto las explicaciones que daban los mitos como las pautas de conducta que ofrecían. Aunque los primeros filósofos siguieron manteniendo un carácter "espiritual" o "casi divino" de la naturaleza, sin embargo, le otorgaron unas características más abstractas y menos humanas.
La explicación racional apareció por una serie de incongruencias propias del mito, pero también intervinieron otros factores que facilitaron su aparición.
Aunque la filosofía supone un cambio de orientación una nueva visión de las cosas. Ésta estuvo posibilitada por la influencia del mito. En la mitología escrita griega (Homero y Hesiodo) hay que tener en cuenta en especial dos elemento que allanan el camino a la especulación filosófica:

1. LA APARICIÓN DEL CONCEPTO DE CAUSA O RAZÓN SUFICIENTE, fruto de la búsqueda del primer principio de todo (sobre todo en Hesiodo). En este caso no se limita a narrar una serie de hechos, sino que se esfuerza en presentar su causa -lo que puede verse como una aplicación del principio de razón suficiente-, si bien esa causa no suele trascender el orden de la motivación psicológica.
2. LA IDEA DE MUNDO COMO TOTALIDAD, COMO UNIVERSO. Se intenta presentar la realidad como una totalidad. Aunque oscuramente, el conjunto de las regiones aparece como un universo.
Circunstancias que favorecen la actitud filosófica
1. EL CONTACTO CON OTROS PUEBLOS. Geográficamente la filosofía se cultiva y desarrolla en la zona de expansión griega por el Mediterráneo. Fundamentalmente en dos ámbitos: las colonias jónicas (situadas en Asia menor, en la actual Turquía: ciudades como Mileto y Éfeso) y las colonias itálicas (la actual Sicilia). A partir del siglo VI a. n. e. los griegos incrementan su contactos comerciales con otros pueblos. Los viajes no sólo traen consigo nuevos conocimientos técnicos y geográficos sino que, fundamentalmente, suponen el conocimiento de otras civilizaciones y formas de vida que llevan a la convicción de que cada pueblo y cada etnia se representan a los "dioses" de una manera distinta. El comercio y los intercambios culturales favorecen la relativización de las visiones del mundo "locales" en favor de una visión "universal": Grecia es un escenario abierto: la filosofía lo contrario de la mentalidad cerrada ("dogmática")
2. EL CONTACTO CON EL ORIENTE PRÓXIMO. Aunque haya que descartar la tesis del origen oriental de la filosofía, no obstante es innegable que los griegos se aprovecharon de elementos culturales, principalmente matemáticos y astronómicos, del Oriente Próximo. De hecho, las primeras expresiones de la filosofía surgen en Asia Menor, la región griega más en contacto con Fenicia, Egipto y los pueblos mesopotámicos.
3. LA AUSENCIA DE TEXTOS SAGRADOS Y DE ESTRUCTURA Y ORGANISMOS RELIGIOSOS posibilitó su crítica. Al no existir un cuerpo dogmático de doctrina y una estructura eclesiástica, toda interpretación o crítica se encuentra con menos oposición.
4. LA PLASMACIÓN LITERARIA DEL MITO facilitó una menor adaptación del mito a las nuevas realidades sociales. Uno de los aspectos que otorga mayor dinamismo al mito es la inexistencia de versiones escritas. Al no tener una referencia escrita y trasmitirse oralmente, el mito va cambiando y adaptándose a las nuevas circunstancias, sin que la comunidad social a la que pertenece sea consciente de dichos cambios (no existe un documento que permita cotejar los cambios). Al plasmarse en forma literaria el mito perdió su capacidad de adaptación.
5. LA POSIBILIDAD DE COTEJAR LAS IDEAS DEL MITO CON LA EXPERIENCIA. Según afirma Jaeger (especialista en filosofía griega), sobre todo en relación con la Teogonía de Hesiodo, estas ideas cosmogónicas pueden confrontarse con la experiencia y someterse a la crítica empírico-racional.
6. LA CIRCUNSTANCIA POLÍTICA. A partir del siglo VI a. C. tiene lugar en todo el mundo griego una honda transformación social que culmina en los siglos V y IV a. C. La peculiar organización social de los pueblos griegos agrupados en Ciudades-Estado (Polis), que gozan de autonomía administrativa, permitirá la puesta en práctica de distintos modos de organizar la convivencia, entre los cuales la mayor novedad es el sistema democrático. En la mitad del siglo V en Atenas nos encontramos con el apogeo de este sistema de gobierno, que reconoce la igualdad de los ciudadanos ante la ley (Isonomía) y el derecho a hablar y ser escuchado en la Asamblea y a participar en el Consejo de Gobierno. En definitiva, la experiencia política de los griegos fue la que les capacitó para desarrollar "teorías" políticas, teorías encaminadas a dar respuesta a cuestiones acerca del origen y fundamentación de las costumbres y las leyes, acerca del mejor modo de vida asequible a los seres humanos... Las leyes y costumbres dejarán de ser comprendidas en el lenguaje mítico para requerir una justificación puramente racional, es decir, filosófica.
IV. El valor de la filosofía Russell
LA FILOSOFÍA, COMO CUALQUIER OTRA MATERIA, APUNTA PRINCIPALMENTE AL CONOCIMIENTO. El conocimiento al que apunta es el tipo de conocimiento que unifica y sistematiza al cuerpo de las ciencias, y del tipo que resulta desde un examen crítico de las bases de nuestras convicciones, prejuicios y creencias. Mas no se puede sostener que la filosofía en cualquier medida haya tenido éxito en sus intentos para dar respuestas definitivas a sus preguntas. Si usted le pregunta a un matemático, a un geólogo, a un historiador, o a cualquier otro hombre de ciencia, qué cuerpo definitivo de verdades ha sido logrado por su ciencia, su respuesta será tan larga como usted esté dispuesto a escuchar. Pero si le hace la misma pregunta a un filósofo, él deberá, si es inocente, confesarle que su estudio no ha producido resultados positivos tal como han sido alcanzados por otras ciencias. Es verdad que debe ser tomado en cuenta el hecho que, tan pronto como un conocimiento definitivo con respecto a cualquier tema se hace posible, este sujeto cesa de ser llamado filosofía y se hace una ciencia en sí. […]



Esto es, sin embargo, sólo una parte de la verdad con respecto a la incertidumbre de la filosofía. Hay muchas preguntas – y entre ellas las que son del más profundo interés para nuestra vida espiritual – que, tan lejos como podemos ver, deben permanecer sin solución al intelecto humano a menos que su potencial se convierta en algo totalmente distinto de lo que es ahora. ¿Tiene el universo algún plan unificador o propósito, o es tan sólo una fortuita interacción de sus átomos? ¿Es la conciencia una parte permanente del universo, dando esperanza al crecimiento indefinido de la sabiduría, o es sólo un accidente transitorio dado en un pequeño planeta en el que la vida algún día será imposible? ¿Son el bien y el mal de importancia para el universo o sólo para los hombres? Son estas preguntas las que se hace la filosofía, y sus respuestas son de tal variedad como diversidad de filósofos hay. Mas parece ser que, independientemente de si las respuestas a estas preguntas son capaces de ser descubiertas o no, las respuestas sugeridas por la filosofía no pueden ser demostradas como verdaderas. Aunque, a pesar de que la esperanza sea escasa para poder descubrir una respuesta, es parte del asunto de la filosofía continuar con el estudio de tales preguntas, para hacernos conscientes de su importancia, para examinar todas las aproximaciones a ellas, y para mantener con vida el interés especulativo en el universo, que es capaz de ser destruido por nuestro confinamiento al conocimiento cierto y definitivo. […]

El valor de la filosofía deberá ser buscado, de hecho, mayormente en su propia incertidumbre. El hombre que no posea de ni siquiera un nimio conocimiento de la filosofía transita a través de la vida encarcelado en los prejuicios derivados del sentido común, en las creencias habituales de su tiempo o de su patria, y en las convicciones que se han desarrollado en su mente sin la cooperación o consentimiento de su deliberada razón. Para tal hombre el mundo tiende a hacerse definitivo, finito, obvio; los objetos comunes no le producen dudas, y las posibilidades extrañas son rechazadas con desdén. Tan pronto cuando empezamos a filosofar, al contrario, encontramos, que inclusive las cosas más comunes nos llevan a los problemas de los que sólo se pueden dar respuestas incompletas. La filosofía, a pesar de no ser capaz de decirnos con certidumbre cuál es la respuesta correcta a las dudas que plantea, es capaz de sugerir muchas posibilidades que amplían nuestros pensamientos y los libera de la tiranía de lo común. Así, mientras que nuestro sentimiento de certidumbre con respecto a lo que las cosas son se ve disminuido, incrementa de forma importante nuestro conocimiento de lo que pudieran ser; remueve ese dogmatismo algo arrogante de aquellos que nunca han viajado a la región de la duda liberadora, y mantiene con vida nuestra capacidad de asombro por medio de mostrarnos el aspecto extraño que las cosas familiares tienen.

Aparte de su utilidad para mostrarnos posibilidades impensadas, la filosofía tiene el valor – tal vez el más importante y precisamente por la grandeza de los objetos que contempla – de liberarnos de las metas angostas y personales que resulta de esta contemplación. La vida del hombre instintivo está encerrada en el círculo de sus intereses privados: familia y amistades se pueden incluir, pero el mundo exterior no es tomado en cuenta a menos que ayude o estorbe lo que esté dentro del círculo de los deseos instintivos. En tal vida hay algo febril y confinado en comparación con la vida filosófica, que es calma y libre. El mundo privado de los intereses instintivos es muy reducido, ubicado en medio de un mundo grande y poderoso que deberá, tarde o temprano, reducir a ruinas nuestro mundo privado. A menos que podamos ampliar de tal manera nuestros intereses que incluyan la totalidad del mundo exterior, permaneceremos como en una guarnición de una fortaleza sitiada, sabiendo que el enemigo nos impide la escapatoria y que la rendición final es inevitable. En tal vida no hay paz, sino la lucha constante entre el deseo insistente y la impotencia de la voluntad. De una forma u otra, si queremos una vida maravillosa y libre, debemos escapar a esta prisión y a esta lucha. […]

La mente que se ha acostumbrado a la libertad e imparcialidad de la contemplación filosófica preservará algo de la misma libertad e imparcialidad en el mundo de la acción y la emoción. Verá sus propósitos y deseos como parte de un todo, con la ausencia de la insistencia en que esos resultados deben ser vistos como fragmentos infinitesimales en un mundo en donde lo demás permanece sin afectación por cualquier acción del hombre. La imparcialidad que, en la contemplación, es el deseo de la verdad sin contaminación, es la misma cualidad de la mente que, en acción, es justicia, y en emoción es ese amor universal que puede ser dado a todos, y no sólo a aquellos que son juzgados como útiles o admirables. Así la contemplación amplía no sólo los objetos de nuestros pensamientos, sino también los objetos de nuestras acciones y afectos: nos hace ciudadanos del universo, no sólo de una ciudad amurallada en guerra con los demás. En esta ciudadanía del universo consiste la verdadera libertad del hombre, y su liberación de la esclavitud de las estrechas esperanzas y miedos.

Así, para sumar a nuestra discusión sobre el valor de la filosofía, la Filosofía debe ser estudiada, no en nombre de cualquier respuesta definitiva a sus preguntas, ya que ninguna respuesta definitiva puede, como regla, ser conocida como verdadera, sino en nombre de las preguntas en sí mismas; porque estas preguntas amplían nuestra concepción de lo que es posible, enriquecen nuestra imaginación intelectual y disminuyen la seguridad dogmática que encierra a la mente y la previene de la especulación; pero más que nada porque, a través de la grandeza del universo que contempla la filosofía, la mente también participa de esa grandeza y se hace capaz de esa unión con el universo que constituye su más alto bien.

IV. Los primeros filósofos


¿Cómo cambian las cosas y qué produce el cambio? ¿Te has preguntado en alguna ocasión, si las cosas que cambian de estado mantienen algún elemento común en los diferentes estados?
Pongamos un ejemplo muy cotidiano, el agua. Todos tenemos experiencia de que un mismo elemento o sustancia como el agua, adquiere tres estados diferentes: líquido, sólido y gaseoso con diferentes propiedades. Sin embargo, sabemos que siempre es agua (H2O). En todo cambio del agua, hay algo que permanece y es su composición química.

Esto que para nosotros es tan simple de comprender, no lo era entonces. Y los primeros filósofos se preocuparon, entre otras cuestiones, de intentar resolver cuál era el principio básico que estaba bajo todos los cambios de las cosas. O dicho de otra manera, cuál es el principio del que surgen todas las cosas y que sigue presente en ellas en todos los cambios. La explicación física del mundo.

A los primeros filósofos se los denominó filósofos de la naturaleza, o físicos según Aristóteles, ya que la naturaleza era el centro fundamental de su reflexión filosófica. Esta preocupación por la naturaleza era normal en una cultura de carácter agrícola y preocupada por dar razón de los fenómenos naturales en los que el ser humano se encontraba alojado.

La cuestión que más les preocupaba era la siguiente: CÓMO DESDE UNA SUSTANCIA CONCRETA (MATERIA PRIMARIA) PODÍAN SURGIR UNA PLURALIDAD DE COSAS DIFERENTES. Estos filósofos eran conscientes de que en la naturaleza se producen una serie de cambios. Todo cambio supone que algo pasa a ser otro algo diferente, es decir de "no-ser" a "ser", por ejemplo, cuando metemos agua en el congelador de nuestro frigorífico, ésta pasa a ser, algo que no era antes, una sustancia sólida, es decir hielo.

Los filósofos de la naturaleza pensaron que existía una primera materia que era el origen de todos los cambios que se producían en la naturaleza. Se origina, entonces, el problema de cómo es posible explicar esto.

Este problema que acabamos de mencionar se ha denominado el problema de lo uno y lo múltiple, y fue uno de los problemas fundamentales de la filosofía griega.

Pero antes de adentrarnos en él y en las distintas soluciones dadas, considero importante aclarar al menos dos planteamientos teóricos novedosos, sobre todo frente a la explicación mítica tradicional, estos son la concepción de la racionalidad y el conocimiento y el concepto de naturaleza.